Seminario
Permanente de Museos.
Universidad Rey Juan Carlos
Mesa redonda sobre: “Los Concursos
Internacionales y la selección de directores de Instituciones
Culturales a debate” (7
de abril de 2008)
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Siempre
es una buena noticia que se debata sobre Museos y sobre Museología,
por lo que en la Asociación Profesional de Museólogos
de España (APME) se recibió con interés
la invitación del Seminario Permanente de Museos de la
Universidad Rey Juan Carlos a participar en esta Mesa Redonda.
Vayan pues dirigidas mis primeras palabras, en nombre de la
APME, a los organizadores del encuentro, para aplaudir su iniciativa
y agradecerles la ocasión que nos brindan de formar parte
de este debate y darnos la oportunidad de hacer oir nuestra
opinión sobre un tema de indudable actualidad: los concursos
internacionales y la selección de directores de instituciones
culturales.
Pero antes de nada, creo de rigor que, en atención a
nuestros oyentes, comience presentando adecuadamente a la APME.
Nuestra asociación, como sus siglas indican, tiene un
carácter exclusivamente profesional. Quiere esto decir
que acoge a todo el personal técnico que acredite desarrollar
su actividad profesional en cualquiera de las áreas funcionales
de un museo, de cualquier tipo de museo, ya sea en el área
de Dirección, Conservación, Documentación,
Investigación, Difusión, Comunicación,
Exposiciones, Gestión, o como quiera que se denominen,
en cada institución museística, sus áreas
o departamentos, y ya sea esta institución de titularidad
pública o privada, se dedique al arte antiguo o al contemporáneo,
a la ciencia y a la técnica, a la arqueología
o a las artes decorativas e industriales y su ámbito
de actuación sea local, nacional o internacional.
La APME es pues un foro de reunión, formación
y orientación profesional, una entidad sin ánimo
de lucro que surge en el seno de los únicos “técnicos”
de los museos reconocidos entonces, el Cuerpo Facultativo de
Conservadores de Museos. Pero hoy pretende dar respuesta a otras
inquietudes que trascienden los problemas de los museos públicos
españoles y que se derivan tanto de los cambios que se
viven desde hace unos años en las instituciones en las
que prestamos nuestros servicios profesionales como de las demandas
de una sociedad en continua evolución.
Entre nuestros objetivos primordiales se cuentan el reconocimiento
de la Museología como ciencia social, y la aceptación,
en nuestros lugares de trabajo, de un código deontológico
propio. De ello se deriva inmediatamente que es también
objetivo de la asociación, por su mero carácter
profesional, la defensa de los criterios técnicos y de
los intereses legítimos de sus miembros. Pero el establecimiento
de nuestras competencias de forma clara en relación con
la gestión del patrimonio cultural contenido o custodiado
por los museos españoles busca, en último término,
concienciar a la sociedad sobre la necesidad de que unos profesionales
que han sido específicamente formados para ello –
en su mayoría, aunque no exclusivamente, por la propia
Administración -, garanticen el adecuado tratamiento
del patrimonio histórico común. En otras palabras,
mediante la definición de nuestras competencias no sólo
buscamos el reconocimiento social de nuestra profesión,
sino también garantizar la adecuada protección
del patrimonio cultural que es, además de nuestra vocación,
nuestro trabajo cotidiano.
La principal vía de expresión de la APME son las
Jornadas de Museología, que proporcionan una ocasión
de encuentro y de reflexión sobre un tema monográfico
planteado en cada una de ellas y cuyas actas son después
publicadas en la Revista “Museo”. Con una periodicidad
cercana a la anual, desde 1995 se han venido debatiendo en ellas
algunos de los aspectos más importantes y polémicos
relacionados con los museos y sus profesionales, como la documentación,
la organización, las exposiciones temporales, las nuevas
tecnologías, los usuarios, las redes de museos o los
planes museológicos. Y siempre desde la perspectiva más
amplia posible, con la intención de obtener documentos
de análisis, debate y referencia sobre el asunto tratado
para el futuro.
Pues bien, queremos destacar, porque nos parece sumamente significativo,
que la primera de estas Jornadas, de Museología de la
APME, celebrada en Madrid en 1995, se dedicó al tema
de la “Formación y selección de los profesionales
de los museos”. Tema que nunca ha dejado de interesar
a nuestros miembros, como demuestra el hecho de que en 2006
las X Jornadas de Museología, esta vez celebradas en
Pamplona, llevaran como título el de: “Modelos
de museos y sus profesionales”. No dudamos de que, en
el futuro, habrá otras ocasiones de retomar el tema,
por cuanto la institución museística es una de
las más vivas y cambiantes creaciones de la cultura occidental
que bien merece, por parte de todos, una constante y enriquecedora
revisión.
Todo esto viene a confirmar que la APME es y ha sido siempre
un lugar de debate, de reflexión colectiva y de intercambio
de información, pues lo que busca es aunar esfuerzos,
unificar criterios y defender una profesión, la de museólogo,
con el único objetivo de cumplir con su finalidad social.
Estas son las principales razones que nos han movido a acudir
a esta convocatoria y a cuantos otros foros en los que se quiera
contar con nuestra presencia.
Dicho esto y centrándonos en el tema del debate de hoy
sobre las formas de selección de los directores de las
instituciones culturales y en especial de los museos, creemos
que no corresponde a la Asociación Profesional de Museólogos
de España emitir una opinión formal sobre este
asunto, que en último término atañe a los
responsables de la política cultural de las distintas
administraciones públicas o, en su caso, a los titulares
de las instituciones afectadas. Al menos, en tanto y en cuanto
no se le consulte y solicite, también formalmente, dicha
opinión.
Sí queremos destacar que la APME en ningún caso
aboga por acotar las opciones que puedan existir para el nombramiento
del principal responsable de una institución cultural,
ni tampoco limitar a unos cuerpos de especialistas oficialmente
reconocidos el abanico de posibilidades a la hora de elegir
a la persona que se estime, por su trayectoria o por el proyecto
que propone, como la más adecuada. En este sentido, sólo
nos preocupa, como a cualquier ciudadano, que los procesos de
selección respeten los principios de transparencia, publicidad
y libre concurrencia y que garanticen la igualdad, el mérito
y la capacidad cuando se trate de elegir a las cabezas rectoras
de instituciones culturales y, en especial, públicas.
Ahora bien, cada uno de los miembros de la APME, precisamente
por la variedad de perfiles profesionales que se encuentran
representados en nuestro colectivo, puede tener una opinión
formada sobre el particular derivada de las circunstancias concretas
de su puesto de trabajo. Sería deseable y enormemente
enriquecedor para nuestros museos que estas opiniones se tuvieran
en cuenta, ya que sin duda ayudarían en el debate. Son,
en efecto, enormemente variadas por cuanto resultan del conocimiento
que ese profesional posee sobre las ventajas e inconvenientes
de una fórmula u otra en función de los distintos
tipos de museos: en unos casos lo más conveniente parece
la contratación mediante la organización de un
concurso de méritos de ámbito nacional o internacional;
en otros se estima que lo más adecuado es situar al frente
de la institución a alguien formado en su seno y con
un conocimiento cierto de ésta; en otros y, ante la carencia
de la institución de unos objetivos y líneas de
actuación claras, colocar al frente de la misma a quien
proponga, mediante un proyecto museístico coherente y
ambicioso, un programa específicamente diseñado
para ella; en otros, a un técnico de la propia Administración,
que puede y debería exigir siempre un alto grado de responsabilidad
a quienes ella misma faculta para este cometido.
En suma, lo que verdaderamente interesa a nuestro colectivo
no es la fórmula concreta escogida –que deberá
saber adaptarse a las diferencias que hoy muestran nuestros
propios museos– , sino que tanto a lo largo de esos procesos
selectivos como una vez resueltos, el propio sistema garantice
que los estándares profesionales y los criterios técnicos
sean en todo momento respetados por el nuevo responsable y que
su elección no suponga un cheque en blanco sin posibilidad
de crítica leal ni de cuestionamiento alguno. Que el
nuevo director en ningún momento ignore que trabaja con
y gracias a un equipo constituido por técnicos. Y que,
de la misma manera, los profesionales de los museos, rigiéndose
según el código deontológico que debería
animarlos si en verdad quieren que se les considere como tales,
sean tan leales colaboradores suyos como de la institución
para la que trabajan.
Mónica
Ruiz Bremón
Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Profesional
de Museólogos de España (APME)