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Editorial
El presente número de la revista
Museo recupera su periodicidad anual y cosecha
las intervenciones desarrolladas en las VI Jornadas de
Museología, que tuvieron lugar en el Museo de Teruel
del 3 al 5 de octubre de 2002, con el tema museos
y exposiciones temporales. Tanto
éste último, qué duda cabe que uno
de los asuntos más llamativos y bullentes de la
actividad museística, como la excelente organización
de nuestros colegas turolenses y la extraordinaria ayuda
de cuantas colaboraciones recabaron y obtuvieron con largueza
para aquella cita, provocaron una masiva asistencia y
una gran expectación a todas y cada una de las
sesiones que, confiamos, se viera compensada con la categoría
de los asuntos tratados en ellas. El éxito de la
convocatoria, que sin duda ha de dejar grato recuerdo
en quienes la vivieron, tiene, pues, puntual reflejo en
los textos aportados para su publicación. Todas
las ponencias, salvo una no enviada pese a su encargo1,
encuadran e introducen los bloques de análisis
que, en esta ocasión, se acompañan de variadas
comunicaciones según el esquema clásico
de tipo congresual.
La estrecha relación entre
museos y muestras temporales es un asunto mayor del análisis
museístico, tanto por su incidencia y peso específico
en la actividad de estos centros, intrínseca o
exógena, como por su capacidad de convertirse en
campo de pruebas y en el carácter dominante de
su imagen pública. Esas distintas facetas de un
mismo y controvertido fenómeno fueron abordadas
en Teruel desde los puntos de vista, no siempre coincidentes
ni complementarios, de los muy variopintos agentes que
pueden entrar a participar en la gestación de una
muestra temporal.
Ahora que ya casi todos los museos exponen
temporalmente, pues hasta la vieja permanencia de la muestra
“fija” del museo se interpreta como dotada
de variabilidad, aunque limitada, deseable, ahora que
lo efímero derrota a lo constante y el valor de
la caducidad se impone y marca en todo producto, la exposición
temporal de un patrimonio a menudo poco evidente y mucho
menos perecedero, ha convertido ese aparente contrasentido
en una vitola de éxito, empleada en ocasiones como
arma en la pugna política más que como herramienta
cultural.
En nuestros días, los museos cada
vez se identifican más con su exposición,
con su capacidad de exponer y cambiar, de forma que incluso
muchos museos de nuevo cuño han llegado a exhibirse
a sí mismos más que a lo que contienen y,
en teoría, les da sentido. Es tarea de unos museos
auténticamente responsables no perder de vista
las implicaciones que este aspecto tiene para el resto
de sus tareas, ser conscientes de las demás acepciones
etimológicas del verbo exponer: arriesgar, aventurar,
poner una cosa en contingencia de perderse o dañarse
(DRAE)...
Para que la imagen de los museos no se
vea reducida con exclusividad a su capacidad expositiva
habrán de jugar un importante papel los medios
de comunicación sociales, intermediarios de gran
parte de la opinión ciudadana. Tal es el tema de
nuestras VII Jornadas, previstas en noviembre en el Museo
de Huelva. Os esperamos.
1
Tras varios meses de reclamarlo, don Juan Manuel Bonet
no ha remitido el texto que se comprometió a
entregar cuando se le encargó y pagó su
ponencia, cuyo título consta en el índice
para no dejar aquel bloque temático huérfano
de denominación.
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