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Editorial
Con cierto retraso respecto a las previsiones
iniciales, este número de la revista Museo recoge
las contribuciones correspondientes a los dos últimos
años, agrupando por razones operativas, dos frentes
distintos. Por una parte los artículos referidos
a los museos locales, cuya publicación se había
demorado a causa de la escasez de originales presentados,
y, por otra, los textos concernientes a las V Jornadas
de Museología de APME, celebradas en Marzo de 2001
en Lugo con la inestimable ayuda del Museo Monográfico
del Castro de Viladonga y su Asociación de Amigos,
y dedicadas en esta oportunidad a los Usuarios de del
museo.
El presente número nace pues con
la vocación de aglutinar dos proyectos editoriales,
y, por tanto, de normalizar el ritmo de la revista, confiando
en que los siguientes números aparezcan ya con
la periodicidad que se planteó originalmente.
Los museos locales pueden considerarse
quizá el exponente principal de la vitalidad museológica
de un país, por cuanto en ellos se cifran y concretan
las iniciativas surgidas de las administraciones más
próximas al ciudadano, normalmente con medios materiales
muy medidos, y, a menudo, con una tradición histórica
constatable y, desde luego, extremadamente cercanas a
las aspiraciones y entusiasmos compartidos de los colectivos
a los que sirven. Son reflejo, en este sentido y en la
mayoría de las ocasiones, de un capital emotivo
o social que no cabe dilapidar ni defraudar.
Si bien escasos respecto al enorme panorama
de los mismos, los artículos sobre museos locales
recogen algunas experiencias interesantes de otros tantos
centros, en alguno de los aspectos más acuciantes
y reveladores del tema. La creación de nuevos centros,
que crecen de una manera desarticulada y, en ocasiones,
descontrolada, al albur de iniciativas diversas, de munícipes,
particulares u organizaciones variopintas, de los dineros
voluntariosos de las subvenciones europeas o de financiaciones
más o menos comprometidas o continuadas, se nos
antoja uno de los principales caballos de batalla del
panorama museístico español.
Detenerse a reflexionar sobre el tema parecía
pues una necesidad más que evidente, pues es quizás
aquí donde una supuesta política de museos
en España ofrece su flanco más débil,
y no sólo por la escasez de museos locales y sus
deficientes infraestructuras respecto a la abundancia
y estructuración de los mismos en otros países
de nuestro entorno.
Por otro lado son los museos municipales
muchas veces los prototipos de museos nacidos de una coyuntura
efímera, carentes de un planteamiento previo consistente,
con escasos medios materiales –normalmente carecen
de presupuesto propio diluidos en el capítulo general
de cultura- y sin una plantilla mínima que garantice
un funcionamiento estable y permanente. Abrir un museo,
obviamente, es más sencillo que mantenerlo, y cuando
no se asegura esto último posiblemente lo responsable
sería no hacer lo primero. Bien es verdad que como
siempre, es peligroso generalizar, unificando, por ejemplo,
el caso de los pequeños ayuntamientos con el de
núcleos de mayor población, y por ello,
con más posibilidades.
El tema de la situación de precariedad
temporal en que ha quedado el Museo de Historia de la
Ciudad de Salamanca tras decidirse su traslado para construir
un nuevo edificio muestra hasta que punto éste
resulta un tema de actualidad con implicaciones alejadas
de los criterios técnicos más palmarios.
Las V Jornadas de Museología recogen,
por su parte, ponencias y reflexiones centradas en un
aspecto tan principal como el de la relación del
museo con su público, desde los distintos puntos
de vista -educativo, turístico, científico,
etc.- sin excluir los económicos, en la idea de
contribuir mediante el debate de ideas a centrar la cuestión,
no sólo intentando apuntar soluciones, sino también
una crítica fundada a los aspectos negativos, las
carencias y las limitaciones que puedan deducirse de la
actividad en nuestros museos, en éste y en otros
sentidos.
Mucho se viene escribiendo en nuestros
días sobre el museo como medio que debe trasmitir
una información (y una formación) fluida
a sus usuarios, comunicando con ellos de manera permanente:
se fomentan los estudios de público al socaire
de la demanda y la acogida de las exposiciones masivas,
se plantea la actividad de los museos pensando en el público
potencial. Reflexionar por ello en quienes justifican
la existencia de los museos, su razón de ser, no
podría resultar más oportuno.
Finalmente, con este número se presenta
también en las páginas de la revista la
nueva Junta directiva de la Asociación, que pretende
tomar el testigo de la anterior en lo mejor de cuantos
logros se han producido, y, asimismo, con la idea de llegar
a donde las circunstancias anteriores no permitieron hacerlo,
con la intención de ser beligerantes en los distintos
frentes que atañen a la profesión, básicamente
los referidos a la formación de los profesionales
de los museos y la mejora, en general, de unos centros
que reclaman mayor protagonismo en la sociedad del nuevo
siglo.
Esperamos que tanto este volumen como la
nueva dirección de APME pueda responder a vuestras
expectativas y os animamos de nuevo a participar en esa
tarea común de ahora en adelante.
Junta directiva de
APME
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