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¿Quiénes
somos?
Esta
pregunta se refiere a los profesionales de museos, también
llamados técnicos y, de forma más restringida,
conservadores. Posiblemente, plantearse esta cuestión
carezca de importancia para algunos de nosotros y para
otros la respuesta no ofrezca ningún problema.
Sin embargo, la necesidad de resolver este interrogante,
sentido por muchos, ha sido lo que ha puesto en marcha
la Asociación Profesional de Museólogos
de España (APME), convirtiéndose en un objetivo
nuclear y prioritario.
El
primer paso, que se ha dado en este sentido, ha sido la
adopción de un nombre que significara con precisión
la nueva concepción del profesional de museos que
queremos potenciar. Así se prefirió la denominación
de museólogo a la de conservador, no sólo
por referirse ésta a una parte del conjunto de
profesionales, pudiendo producir rechazo en los restantes,
sino también por sus connotaciones «conservadoras»
(perdón por la redundancia) con las que, precisamente,
se pretendía romper.
En
efecto, la proverbial carencia de medios y personal en
los museos españoles ha reforzado el perfil inicial
del conservador que, además de dirigir el museo,
se ocupaba de la investigación de las piezas, de
su conservación, documentación y exposición.
Esta totalización de las funciones del museo por
parte del conservador ha producido un polifacético
profesional, absolutamente identificado con el propio
museo y que, sin embargo, no conseguía la deseada
proyección social de su trabajo.
La
consideración del museo como una institución
que conserva, estudia y expone sus colecciones para hacer
posible y de verdad que todos los ciudadanos que lo deseen
puedan acceder física e intelectualmente a ellas,
supone la necesaria especialización de los profesionales
para estar a la altura de la demanda y ofrecer la calidad
de servicios a los que se aspira. Investigar, documentar,
conservar y exponer son funciones que requieren la diferenciación
de sus áreas de trabajo y de las consiguientes
tareas que debe desempeñar el profesional dedicado
a ellas, experto conocedor del marco teórico y
de los apropiados métodos y técnicas de
trabajo.
Pero
junto a la especialización, la integración
de las diversas áreas funcionales también
debe preservarse. Las funciones citadas son, en síntesis,
las funciones estructurales de todo museo. Todas igualmente
necesarias para que éste cumpla su finalidad social
y cultura¡ porque el cumplimiento de ellas, en el
grado que sea, repercute en el funcionamiento de las demás.
Esta interrelación obligada entre las tareas de
las diversas funciones obliga también a que el
profesional especialista sea capaz de trabajar en equipo,
integrando su quehacer en el de los demás y entendiendo
su papel en el conjunto del funcionamiento del museo.
El
trabajo en equipo requiere que se comparta el modelo de
museo que se pretende construir, pero ello depende en
gran medida de que se disponga del mismo marco teórico
de referencia, es decir, de los conceptos teóricos
y procedimentales que, normalizados y consensuados, constituyen
los objetivos de la disciplina que llamamos museología.
Esta posibilita así la comunicación dentro
del museo, ofreciendo el lenguaje que se comparte: criterios,
conceptos, términos, categorías, métodos,
etc..
La
museología se presenta como la referencia disciplinar,
o mejor dicho, interdisciplinar que, compartida por los
museólogos, provee, por un lado, de los contenidos
y prácticas específicas de cada una de las
funciones del museo y ofrece, por otro, la visión
de conjunto necesariamente interrelacionada del funcionamiento
del museo. Responder a la cuestión planteada inicialmente
diciendo que el museólogo es el experto en museología
que dispone de un conocimiento global del museo y que
domina los aspectos teóricos y prácticos
de alguna de sus áreas funcionales es, además
de una definición del profesional de museos, una
meta a conseguir y actualizar permanentemente y, por ello,
una de las razones de ser de esta Asociación.
Pero
es también el punto de partida de otro problema:
el de la formación de dicho profesional y el de
su selección. Precisamente porque creemos que estos
problemas son importantes y merecen una especial reflexión
colectiva, estrenamos los espacios de debate organizando
estas jornadas cuya publicación constituye el primer
número de nuestra revista. Tanto las jornadas como
la revista pretenden ver la luz periódicamente
y apoyarse rnutuamente para conseguir una mayor proyección
informativa. Evidentemente, la revista parece el medio
más adecuado para recoger el desarrollo de las
jornadas técnicas anuales, así como para
publicar el contenido de las ponencias, de las intervenciones
de los asistentes y de las conclusiones a las que se lleguen.
Pero, además, la revista pretende tener números
temáticos, dedicados a tratar monográficamente
sobre la conceptualización del museo como institución
científica, cultural y social. Esta orientación
temática será compatible con una amplia
sección, en la que se de cabida a artículos
espontáneos sobre temas particulares de interés
general.
Sed,
pues, bienvenidos a la revista.
La
Junta Directiva
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